Un sonido mezcla de sorpresa y protesta escapó de entre los labios de Marisa cuando Leonidas tomó uno de sus pies y empezó a darle un masaje con los pulgares en la planta.
Mientras iba sintiendo el mágico efecto del masaje, Marisa pensó que podría acostumbrarse fácilmente a aquello.
-¿Estás bien?
-¿Tratas de seducirme?
Leonidas sonrió.
-¿Está funcionando?
-Creo que no debería responder a eso.
-¿Te apetece contarme lo que ha pasado estos días?
-No especialmente -Marisa alzó la mirada para contem