Capítulo XXV

Un sonido mezcla de sorpresa y protesta escapó de entre los labios de Marisa cuando Leonidas tomó uno de sus pies y empezó a darle un masaje con los pulgares en la planta.

Mientras iba sintiendo el mágico efecto del masaje, Marisa pensó que podría acostumbrarse fácilmente a aquello.

-¿Estás bien?

-¿Tratas de seducirme?

Leonidas sonrió.

-¿Está funcionando?

-Creo que no debería responder a eso.

-¿Te apetece contarme lo que ha pasado estos días?

-No especialmente -Marisa alzó la mirada para contem
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