Marisa tuvo que parpadear para alejar las lágrimas que afloraron a sus ojos.
-Estoy bien -murmuró, aunque sentía que se estaba derritiendo por dentro.
Leonidas deslizó un dedo por su labio inferior, sintió cómo temblaba y se inclinó para besarla en el cuello. Quería desesperadamente lo que sabía que no debería tomar... y se dijo que le bastaba con abrazarla y besarla. De momento.
La besó con delicadeza en los labios y se apartó de ella.
Cuando había llegado a su apartamento había encontrado una