Capítulo XXIV

Marisa tuvo que parpadear para alejar las lágrimas que afloraron a sus ojos.

-Estoy bien -murmuró, aunque sentía que se estaba derritiendo por dentro.

Leonidas deslizó un dedo por su labio inferior, sintió cómo temblaba y se inclinó para besarla en el cuello. Quería desesperadamente lo que sabía que no debería tomar... y se dijo que le bastaba con abrazarla y besarla. De momento.

La besó con delicadeza en los labios y se apartó de ella.

Cuando había llegado a su apartamento había encontrado una
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