La hábil mano de Diego no se detiene, arrastrando hasta el último espasmo muscular en oleadas hasta que me quedo sin huesos, con las piernas abiertas a ambos lados y sin energía.
_ Nunca me había corrido así antes _susurro.
Desliza sus dedos fuera de mí y se pone de pie.
Lo observo quitarse la camisa de vestir y la camiseta y tirarlas a la cómoda. No creo que pueda tener suficiente de su pecho duro y musculoso, su piel suave y bronceada, sus pezones apretados.
_ Siéntate _ordena, desabrochán