Damián
Nunca fui bueno para mostrar mis cartas, para abrir esa puerta que lleva a mis secretos. Pero ella… Eva, con esa mirada que no se conforma con la superficie, logró abrir esa puerta a golpes, a preguntas que yo mismo me negaba a responder.
Estábamos en el salón, la luz tenue del atardecer colándose por las cortinas, dibujando sombras alargadas en el suelo. Ella estaba sentada frente a mí, con esa mezcla de curiosidad y cautela que me hizo decidir que era hora de bajar el muro, aunque fuer