65. Amor Sin Miedo
Y antes de que pudiera decir algo más, la besó.
No fue un beso precipitado, sino uno lento, profundo, lleno de todo lo que habían contenido durante meses.
El contacto la desarmó por completo. Las manos de Eryx la atrajeron hacia su pecho, y el mundo a su alrededor dejó de existir.
El fuego de la chimenea, el aire, los sonidos… todo desapareció. Solo quedaban ellos dos, fundidos en un silencio que ardía.
El corazón de Shaya latía tan fuerte que podía sentirlo en la garganta. Intentó apartarse