59. El dolor de haber perdido Todo
—Suéltame —jadeó ella, la voz quebrada por la falta de aire —¡Suéltame!
Santiago no la escuchó. La rabia lo había hecho prisionero de un solo pensamiento la pérdida. Perder a Eidan le quemaba como un hierro candente. Cada palabra de Claudia era una estocada que lo hundía más en la humillación. No distinguía razones; solo veía figuras, culpables y culpables posibles, y su conclusión —cruel y torpe —fue descargar la pena contra el que tenía delante.
—Acabaré con tu patética vida —amenazó, los d