58. Ira Transformado en Miedo
Eryx se acercó despacio, sin interrumpir. Se agachó frente a ambos, observando el rostro del niño.
—Es igual a ti —dijo en voz baja.
—Tiene los ojos de su padre… —respondió ella sin apartar la vista del pequeño —pero todo lo demás… todo lo demás es mío.
Eryx no contestó. Solo asintió. En ese momento entendió algo que ya intuía, Shaya nunca amaría a nadie con la intensidad con la que amaba a ese niño. Y, sin embargo, él no sentía celos. Sentía orgullo.
El pequeño se acomodó en el regazo de su