52. Miradas Entrecruzadas.
Ninguno de los enemigos jurados de Shaya podría imaginar que, entre las paredes silenciosas de la mansión Allen, el fuego que había nacido del dolor se había transformado en una pasión que desafiaba toda lógica. Esa noche, bajo las sombras que danzaban sobre el mármol y el aroma del vino derramado, Shaya y Eryx habían sellado un pacto. No con firmas ni documentos, sino con sus cuerpos y su respiración entrecortada. Fue una entrega voraz, un juramento físico y emocional de derribar a todos los q