16. El Golpe final.
El silencio de la residencia Allen se había vuelto más pesado de lo habitual. Desde el día en que Shaya descubrió en los periódicos quién era realmente Eryx, el hombre no había vuelto a cruzarse en su camino. Se había esfumado como una sombra, sin avisos ni despedidas, dejando tras de sí solo la huella de una noche inolvidable y la incertidumbre punzante que lo acompañaba todo el tiempo.
La ama de llaves, una mujer de cabello gris recogido en un moño estricto, había sido la única en darle expli