Hemos cumplido los cinco meses de embarazo y para mi pobre Rosy han sido terribles, sus mareos y nauseas no la han dejado en ningún momento. A veces, pasábamos toda la mañana frente a la taza del váter, mientras ella devolvía lo poco y nada que alcanzaba a comer yo le sujetaba su cabello y masajeaba su espalda.
Su cuerpo también había cambiado, ya se le notaba su pancita redonda como una bolita y sus senos, dios si ya me gustaban como eran antes, ahora no me podía quejar. Solo había un pequeño