Y la llamada se había cortado, por mi cabeza comienzan a pasar un sinfín de cosas y no sé cuántos semáforos y altos me pasé para llegar a casa, estaciono como puedo y sin apagar el motor me bajo, entro en el edificio y subo corriendo por las escaleras, al entrar me encuentro con mi ninfa tirada en el suelo sobre un charco de sangre y el mundo se me viene encima.
—¡Rosy!
—A… Aaron, llegaste.
—Mi amor, no hables, te llevaré al hospital.
Como pude, la tomé en mis brazos y baje con cuidado, la colo