Estaba relajado, por primera vez en mucho tiempo. Aquella sustancia bajando por mis labios hizo que la calma regresara a mí. El hombre llenó mi copa nuevamente, los meseros daban vueltas por todas partes al tiempo en que servían una infinidad de platillos. El aroma del queso fundido, del pan recién horneado y la carne asándose me hicieron caer en la cuenta de la terrible verdad. No había tenido un almuerzo digno desde que todo esto comenzó. Maldita sea, apenas si había podido relajarme.
—Que fa