El ambiente olía a la muerte esparciéndose por todas partes. En la mansión ahora había un brutal asesinato. Pronto, las cosas serían un caos. George estaba muerto en su propio sofá, a pesar de que había sido custodiado por muchos soldados. Ninguno de ellos había podido detener a Luvioc.
—Está muerto, maldita sea, que asco. —dijo Harry. —Aseguró que las armas los podían detener como simples personas.
—Sí, tal parece que Sebastian tenía algo de razón. —murmuró otro allí, que comenzaba a mostrarse