Seth
—Piedad… Por favor… Suplico piedad. —dijo uno de los lobos, mientras se retorcía en el suelo.
No la obtuvo, no era el tiempo de la piedad. Mis hombres mataron a todos los lobos que allí se encontraban. Hicimos lo mismo en la segunda calle. Esta ciudad era extraña, los hombres lobo que aquí se encontraban estaban montando guardias en pequeños negocios.
—En la tienda de vinos, champaña… Ese lugar se ve sospechoso. Uno de ellos tiene que darnos la verdadera jodida ubicación. —Billy farfulló,