Cap. 76 ¿Estás bien?
No hubo prisa. No hubo torpeza. Hubo una reverencia mutua en cada contacto. Él deslizó las tiras de su camisón de seda por sus hombros, no como un conquistador, sino como alguien que descubre un tesoro olvidado.
Sus manos, grandes y callosas, trazaron mapas conocidos en su piel, despertando un archivo sensorial al que su memoria no podía acceder, pero que su cuerpo reconocía con estremecimientos de verdad.
Ella, por su parte, exploró el territorio familiar de su espalda, los hombros, el pelo e