Cap. 76 ¿Estás bien?
No hubo prisa. No hubo torpeza. Hubo una reverencia mutua en cada contacto. Él deslizó las tiras de su camisón de seda por sus hombros, no como un conquistador, sino como alguien que descubre un tesoro olvidado.
Sus manos, grandes y callosas, trazaron mapas conocidos en su piel, despertando un archivo sensorial al que su memoria no podía acceder, pero que su cuerpo reconocía con estremecimientos de verdad.
Ella, por su parte, exploró el territorio familiar de su espalda, los hombros, el pelo entre sus dedos, encontrando comodidad y un fuego creciente en cada roce. No había fantasmas entre ellos esa noche. Solo el presente tangible, ardiente.
Cuando finalmente se unieron, fue con un suspiro compartido que sonó a hogar. Ares la miró a los ojos en la penumbra, y en su mirada no había triunfo, sino una entrega total, una vulnerabilidad que solo ella veía. "Aquí estoy", parecía decir. "Soy tuyo. Siempre lo fui."
Dayana, atrapada en la marejada de sensaciones físicas y emocionales que la b