Cap. 7 Vendré otro día
Ares asimiló la intrusión de Elsa y, en lugar de enfurecerse, una sonrisa lenta y peligrosa se dibujó en sus labios. Tomó la situación con una gracia de tiburón que acecha.
—Elsa, la amiga incondicional —dijo, clavando en ella una mirada gélida.
—Ya le contaste, ¿no? ¿Le dijiste dónde estabas realmente el día que perdimos a nuestro hijo? ¿Le repetiste lo que le gritaste a mi madre en su propia cara, justo antes del "accidente"?
El efecto fue instantáneo y devastador. Elsa palideció como si la h