Cap. 8 Dulce te cerró el paso
Dayana asintió lentamente. La fatiga, un peso de plomo, cayó sobre sus hombros de repente. El día había sido una montaña rusa de furia, confrontación y dolor.
—Sí… lo haremos. Mañana —dijo, con una voz que apenas era un susurro.
—Ahora no puedo más. No puedo lidiar ni un minuto más con los Bianchi, sus mentiras o sus fantasmas. Estoy… destrozada.
Y sin añadir nada más, se dio la vuelta y se refugió en su habitación, buscando en el sueño un breve olvido del infierno que su vida se había converti