Cap. 47 ¡Me cae bien esta italiana!
Ares, aturdido, la devolvió el abrazo a medias, una sonrisa incrédula asomando a sus labios.
—Ginevra… ¿Qué diablos haces aquí? Te fuiste a…
—¡A vivir! —terminó ella, soltándolo y pasando a su lado como una brisa, entrando en el Penthouse. Sus ojos, del color de la miel, lo recorrieron todo con curiosidad voraz y se clavaron en Dayana, que se había puesto de pie, con el bebé en brazos.
El mundo se detuvo un segundo.
La sonrisa de Ginevra se suavizó, se llenó de una emoción tan profunda y cálid