Cap. 48 Mira a este pequeño

Entonces, sonó el celular de Ginevra. No era un tono discreto, sino el estruendoso riff de guitarra de una canción de rock italiano. Ella lo sacó del bolsillo trasero de sus jeans sin inmutarse.

—¡Momento, mi tema de lucha! —anunció, y deslizó el dedo para contestar sin siquiera mirar la pantalla.

—¿Aló?

Su expresión, abierta y alegre, no cambió al escuchar la voz al otro lado. Pero sus palabras hicieron que la sonrisa se congelara en los labios de todos los presentes.

—Hola. Oh, sí. Sí, llegué bien —dijo, con un tono casual, como si hablara con un conocido lejano. Caminó de un lado a otro de la habitación, completamente ajena al efecto que sus palabras causaban.

—No, en realidad no. No tengo intención de pasar por la casa. —Una pausa. Su ceja se arquearía ligeramente.

—¿Y a mí qué me importa? —preguntó, con genuina curiosidad, no con desafío.

Dayana intercambió una mirada con Ares. Él tenía la misma expresión de desconcierto absoluto. Nadie hablaba así con Vittorio Bianchi.

Ginevra s
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