Cap. 48 Mira a este pequeño
Entonces, sonó el celular de Ginevra. No era un tono discreto, sino el estruendoso riff de guitarra de una canción de rock italiano. Ella lo sacó del bolsillo trasero de sus jeans sin inmutarse.
—¡Momento, mi tema de lucha! —anunció, y deslizó el dedo para contestar sin siquiera mirar la pantalla.
—¿Aló?
Su expresión, abierta y alegre, no cambió al escuchar la voz al otro lado. Pero sus palabras hicieron que la sonrisa se congelara en los labios de todos los presentes.
—Hola. Oh, sí. Sí, llegué