Cap. 41 No es el final.
Vittorio sintió que el suelo de mármol del café se inclinaba. La bomba de Felicia había explotado aquí, en el lugar más crucial. No era solo una anécdota divertida; era una mancha en el activo más importante de un hombre como él: su seriedad intachable.
—Esa mujer es una lunática —dijo, con una frialdad forzada.
—Nadie con un ápice de sentido común daría crédito a sus patrañas.
—Quizás no —concedió Lombardi, cerrando la carpeta con un gesto definitivo y empujándola de vuelta hacia Vittorio.
—Pe