Cap. 41 No es el final.

Vittorio sintió que el suelo de mármol del café se inclinaba. La bomba de Felicia había explotado aquí, en el lugar más crucial. No era solo una anécdota divertida; era una mancha en el activo más importante de un hombre como él: su seriedad intachable.

—Esa mujer es una lunática —dijo, con una frialdad forzada.

—Nadie con un ápice de sentido común daría crédito a sus patrañas.

—Quizás no —concedió Lombardi, cerrando la carpeta con un gesto definitivo y empujándola de vuelta hacia Vittorio.

—Pero el problema no es si son ciertas, Vittorio. El problema es que se contaron. Y se rieron. En una mesa donde usted quería proyectar poder. Eso, en nuestro mundo, es una vulnerabilidad. Y yo no apuesto por caballos vulnerables.

Se levantó, ajustándose el chaleco.

—Dígale a su hijo Pietro que cancele cualquier maniobra sobre Neo-Puerto. El consejo lo respaldará. Ares ya presentó esta mañana documentación sobre irregularidades en los avales de Aurora. Muy convincente. Parece que su sobrino… sí es
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