Cap. 135 Me deja ser yo misma
La escena en el salón era de una cotidianidad que rozaba lo absurdo. Dayana, con una paciencia digna de una santa, intentaba cambiar el pañal a Leonardo, quien se retorcía como un pequeño cocodrilo enfurecido, sus piernas regordetas pataleando con una energía que parecía inagotable.
—Leonardo Bianchi —murmuraba Dayana entre dientes—, si no te estás quieto, vas a usar ese pañal sucio hasta que aprendas a ir al baño solo.
El bebé, por supuesto, ignoró por completo la amenaza y continuó su lucha p