Cap. 130 Es una Bianchi
Ginevra, la reina del caos, la dueña de las palabras, se quedó muda. Solo pudo asentir, una y otra vez, mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas y Marco le colocaba el anillo en el dedo.
El jardín estalló en aplausos. Dayana lloraba abrazada a Ares. Felicia rugía como un motor fuera borda. Bárbara, desde la puerta, sonreía con una satisfacción que no podía ocultar.
Y entonces, un rugido destrozó la armonía:
—¡ESTO NO PUEDE ESTAR PASANDO!
Vittorio Bianchi irrumpió en el jardín como un hura