Cap. 131 Todo bien, mi amor
La mansión había sido un remanso de paz durante las últimas semanas. Con Ginevra y Marco disfrutando de su luna de miel en las costas de Amalfi, el ritmo de la casa se había vuelto más pausado, más íntimo.
Las risas de Alessio, los llantos de Leonardo, la placidez de Valentina... todo fluía en una armonía que parecía, por fin, inquebrantable.
Hasta que el silencio se rompió.
¡CREEEC!
El ruido fue terrible. Un golpe sordo, seguido de un taconeo imposible, y luego el silencio más aterrador que B