Cap. 122 Quiero su silencio
La sala de reuniones de Bianchi Holdings, ese mismo lugar donde días atrás los Sartori habían llegado con la arrogancia de quienes creían tener el poder, ahora los veía reducidos a sombras de lo que fueron.
Lorenzo ocupaba una silla como si el peso de su propio cuerpo lo aplastara. Matteo, a su lado, tenía los ojos cerrados, respirando entrecortadamente como quien espera el hacha del verdugo. Los abogados que los acompañaban —los pocos que no habían huido— miraban al suelo, incapaces de sostene