Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa paciencia no era una de mis virtudes, y Santiago Ferrer estaba llevándome al límite.
Desde la mañana, había mantenido esa frialdad impenetrable conmigo, esa distancia medida que dejaba claro que ahora volvía a verme como una amenaza. No importaba que apenas un día antes hubiéramos hecho una tregua incómoda, ni que él mismo hubiera aceptado que trabajáramos juntos para encontrar al verdadero culpable.
No.







