El aire acondicionado zumbaba con monotonía en la oficina de Julián Montero. Sofía observaba cómo las persianas verticales filtraban la luz del atardecer, creando líneas doradas sobre el escritorio de caoba. Había estado allí antes, muchas veces, pero nunca como ese día. Nunca con aquella determinación ardiendo en su pecho.
Julián la miraba desde su sillón de cuero negro, con esa sonrisa que ella había aprendido a odiar. Una sonrisa que no llegaba a sus ojos, fríos como el hielo.
—Sofía, qué sor