13. Mi propio movimiento
Mi oportunidad llegó una tarde. Él estaba reunido en el ala norte y me dejaron caminar por mi jardín, dos de sus hombres me vigilaban a distancia, muy seguros que yo era solo una muñeca quieta jugando con sus flores.
Entonces la vi, aquella muchacha que me había recibido el primer día en este lugar, tenía un moretón mal disimulado en el brazo, nadie se fija en ella pasa como si fuera un fantasma; pero yo si logro ponerle atención. Me acerqué despacio, ignorando las m