Mundo de ficçãoIniciar sessãoEva es una joven estudiante talentosa y apasionada, se ve envuelta en una vorágine de terror cuando un hombre obsesionado con ella, Nick, irrumpe en su vida. Con cada movimiento calculado, Nick teje una red de control en torno a Eva, alimentando su dolor y sumiéndola cada vez más en la desesperación. Las miradas intensas de Nick parecían atravesar el alma de Eva, convirtiéndola en prisionera de sus propios miedos. Cada paso que daba Eva hacia la libertad, Nick la arrastraba de vuelta hacia la oscuridad, empujándola al borde de la locura. Entre sombras y susurros, Eva lucha por mantener su cordura y escapar del abismo en el que ha caído. Sin embargo, la sombra de Nick se cierne amenazante sobre ella, convirtiéndose en su peor pesadilla. ¿Podrá Eva encontrar la fuerza para romper las cadenas de la obsesión o sucumbirá para siempre al oscuro poder de Nick?
Ler maisPRÓLOGO
No sé cuánto tiempo llevo aquí. En este lugar donde las horas no avanzan y los minutos se vuelven una forma lenta de castigo. Perdí la noción del día en que dejé de contar, en el momento exacto en que comprendí que nadie tenía intención de explicarme nada. Solo sé una cosa con absoluta certeza: la vida que conocía terminó en el instante en que esta puerta se cerró. Estoy encerrada en un ático. No lo supe al principio, lo deduje después, cuando mis manos tocaron el techo inclinado y las paredes estrechas que parecen reducirse un poco más cada vez que respiro hondo. Es un espacio olvidado, construido para guardar cosas que nadie quiere volver a ver. Ahora, ese lugar soy yo. Aquí no llega el mundo. No llegan voces, ni pasos, ni señales de que exista algo más allá de estas paredes viejas. El silencio es constante, pesado, casi cruel. No es un silencio tranquilo, es uno que presiona, que obliga a pensar, que no da tregua. Al principio grité. Grité hasta quedarme sin voz. Golpeé la puerta con las manos, con los puños, y con lo poco que encontré a mi alrededor. Llamé a personas que no podían oírme, supliqué a nombres que quizá nunca supieron dónde estaba. Nadie respondió. Después vinieron las preguntas. Esas son peores que el silencio. ¿Qué hice? ¿En qué momento todo se torció? ¿Por qué yo? No recuerdo haber cometido un error tan grande como para merecer esto. No recuerdo una advertencia, una amenaza o una señal clara de que mi destino terminaría en este encierro absurdo. Un día estaba viviendo mi vida, con sus rutinas, sus problemas pequeños, sus planes imperfectos… y al siguiente, estaba aquí. Sola. La oscuridad no ayuda. No porque no pueda ver, sino porque obliga a imaginar. La mente se vuelve un enemigo cuando no tiene nada concreto a lo que aferrarse. Piensa escenarios, inventa razones, crea finales que nunca llegan. Lloré. Mucho. Lloré hasta que las lágrimas dejaron de aliviar. Hasta que entendí que llorar no abría puertas ni traía respuestas. Aun así, a veces lo hago. No porque espere algo, sino porque el cuerpo lo exige. —Déjenme salir —susurré más de una vez, con la poca dignidad que me quedaba—. No he hecho nada. Decirlo en voz alta era una forma de convencerme a mí misma. Si no hice nada, entonces debía haber una solución. Un error. Un malentendido. Algo que pudiera arreglarse. Pero nadie vino a desmentirlo. Cada respiración se volvió un acto consciente. Cada segundo, una espera sin promesa. El miedo no llegó de golpe; se instaló despacio, como una verdad incómoda que se va aceptando sin querer. Empecé a temer no al lugar, sino a la idea de que este fuera mi nuevo mundo. Me aferré a recuerdos. No por nostalgia, sino por supervivencia. Pensé en cosas simples: caminar sin pensar en paredes, abrir una ventana o decidir a dónde ir. Recordé risas, discusiones sin importancia, días que en su momento creí insignificantes. Ahora daría cualquier cosa por uno de ellos. Pero los recuerdos no duran. Se desgastan. Se repiten tanto que pierden fuerza. Y cuando se van, dejan un vacío difícil de describir. Sentí que me quebraba. Fue entonces cuando la puerta se abrió. No de golpe. Se abrió como si siempre hubiera estado destinada a hacerlo en ese preciso instante. Una línea de luz se filtró desde el exterior, suficiente para obligarme a cerrar los ojos por un segundo. Cuando los abrí, no vi libertad. Vi una silueta. Un hombre permanecía de pie en la entrada. No entró de inmediato. No habló. Simplemente me observó. No pude verle el rostro con claridad, pero su presencia fue suficiente para que todo mi cuerpo reaccionara. El miedo cambió de forma. —¿Quién eres? —pregunté, odiando lo frágil que sonó mi voz. No respondió enseguida. Dio un paso al frente, luego otro, con una calma que me resultó más aterradora. Retrocedí hasta que no tuve más espacio. La pared me recibió como una sentencia. Quise correr. No había a dónde. —Por favor… —dije, sin saber exactamente qué estaba pidiendo—. Déjame ir. Entonces habló. —No puedo hacer eso, Eva. Escuchar mi nombre me heló más que el encierro. No solo sabía quién era. Me conocía lo suficiente como para pronunciarlo sin dudar. —Pero tampoco voy a dejarte morir aquí —continuó—. Este lugar no es para los débiles. Levanté la vista, buscando algo en su rostro que me ayudara a entender. No encontré compasión. Tampoco crueldad abierta. Era peor: seguridad. —Aquí no se sobrevive esperando —añadió—. Se sobrevive aprendiendo. No entendí sus palabras. O tal vez no quise entenderlas. —¿Aprender qué? —pregunté. Su respuesta fue breve, y definitiva. —A vivir en la oscuridad. La puerta permaneció abierta unos segundos más, luego se cerró otra vez. No supe si aquello había sido una promesa, una amenaza… o ambas cosas. Me quedé allí, temblando, con una certeza nueva y aterradora latiendo en el pecho. Esto no había hecho más que empezar.Los años han pasado, Line y Juan Pablo ya están en la preparatoria, ella está en primero mientras Juan está en segundo.Ahora son novios y son un dolor de cabeza, ya que tengo que ver cómo se dan besos cuando piensan que nadie los observa.A Line le gusta hacer lo que quiere con Juan Pablo y eso me agrada mucho. Mis otras hijas tienen 9 años y están en la edad en la que los coreanos les comienzan a parecer lindos.¿A quién demonios le gustan esos afeminados?Las tres criaturas que pusieron las hormonas de Eva locas resultaron ser niñas.Estoy rodeado de mujeres que se molestan cada tres segundos. Estaba en mi despacho viendo la foto de mis hermosas chicas, ninguna de las trillizas me ha sacado mis ojos, pero sí han sacado el mal genio de su madre. Sonreí mientras Gerald, mi cuñado, entraba a mi oficina.—Tu hermana me va a volver loco —pronunció mientras se tocaba el cuello.—Te dije que no te casaras —mencioné— las mujeres son adorables cuando son novias, pero después del matrimonio
Era evidente que lo había sacado de la máquina de premios. Mi corazón latía más rápido mientras tomaba aire para responder.No podía contener mi emoción y la respuesta salió de mis labios sin ningún tipo de duda.—Sí, sí quiero —dije con una sonrisa radiante.La alegría invadió el lugar y nuestra pequeña princesa, no pudo contener su entusiasmo.Gritaba emocionada, anunciando a todos los presentes que sus «papis» se iban a casar. Sus palabras llenaron de felicidad mi corazón y, sin pensarlo, corrí hacia ella y la abracé con fuerza. Era un momento mágico, uno de aquellos que siempre quedaría grabado en mi memoria.Mientras tanto, Eva le colocaba el anillo de juguete en el dedito de nuestra pequeña. Era un gesto simbólico, pero cargado de amor y significado. Mi corazón se llenó de gratitud hacia Eva por hacer de nuestro amor una realidad y convertirnos en una verdadera familia.Después de ese emocionante momento, salimos de la heladería como una familia feliz, cada uno con su cono en la
Ella obedeció y se levantó de la cama. Comencé a desajustar su pantalón, dejándolo caer lentamente mientras sentía un cosquilleo en mi estómago.Ni siquiera ella tiene idea de todo lo que me está haciendo sentir en este momento, de cómo mi amigo está ansioso y listo para satisfacerla. Está tan parado que me duele.—Nick —pronunció mi nombre con voz entrecortada y cada letra vibró en todo mi ser.Mis manos temblaron ligeramente mientras continuaba quitando sus bragas, las cuales cayeron al suelo en silencio. Mi corazón pareció detenerse por un instante al ver su intimidad, completamente mojada y lista para mí. Maldita sea, ella está tan caliente que...No pude resistir la tentación y uno de mis dedos rozó su humedad, provocando un leve gemido en ella. Mi boca anhelaba apoderarse de su calor, la deseaba con locura. Mi lengua se adentró en su interior, sin hacer demasiado alboroto, mientras saboreaba su esencia única. Eva es mi maldita droga, mi adicción más peligrosa.Ella dio un paso a
—Por favor, déjame ir o mátame, no quiero seguir aquí, no quiero sentir más dolor, esto duele demasiado, por favor.Ella no paraba de llorar, el dolor se reflejaba en cada fibra de su ser, pero no puedes jugar con el diablo y esperar que no te mande al infierno.Verla de esa manera era extremadamente alucinante, despertaba en mí cosas que había dejado de lado desde que perdí a Eva, ya no disfrutaba de las muertes y las torturas como solía hacerlo.El corazón de Ariana se rompía en pedazos mientras la angustia y desesperación se apoderaban de su ser.—Por favor —suplicó entre lágrimas, pero solo me hizo reír con sarcasmo.—¿Cansada? Secuestraste a mis mujeres, amenazaste con matarlas y ¡encima te atreves a suplicar! —grité eso último mientras tomaba su mentón con rabia, quería estrangularla y ver cómo su vida se apagaba, pero eso sería demasiado sencillo.Quería ver el dolor en su mirada, quería ver cómo suplicaba e imploraba para que me deshiciera de ella. Mi rostro se contorsionó en
—Yo también te amo, princesa. Te extrañé tanto.—Papi, acuéstame en mi cama y léeme un cuento, ya tengo sueño.—Claro, princesa.Me giré para salir del despacho y me topé con la mirada observadora de Eva. Ella me miraba con emoción.—Vamos, a dormir —mencionó Eva.Ella se acercó a mí y le dio un beso a Loreline, que aún estaba en mis brazos.—¿Y el mío? —pregunté, y ella sonrió dándome un beso en la mejilla. No hay duda de que amo a esta mujer.Subimos los tres las escaleras y recostamos a Line en la cama. Ella se recostó en la cama con Line entre sus brazos, y yo me acosté a un lado de ellas, quedando mi princesa en medio.—Papi, cuenta la historia.—Ok, pero cierren los ojos, o si no no les cuento nada. —Creo que poco a poco me estoy convirtiendo en un experto en esto de contar historias. Ambas cerraron sus ojos.—En un miento muy, pero muy lejano, vivía una joven que siempre creía que tenía todo: una familia, amigos y dinero. Todo parecía perfecto en su vida, pero en realidad, ella
★ NicolásMis primos no paraban de hablar mientras yo fingía una sonrisa. La verdad es que quiero que todos se vayan, solo quiero a Eva a mi lado.Poco a poco, uno a uno, los invitados comenzaron a despedirse después de que mi padre mencionara que era hora de que se fueran. Estaba agradecido en silencio por su partida, mientras mi padre sonreía, aparentemente capaz de leer mis pensamientos.Sin embargo, había alguien que no quería que se fuera: Eva.Su sola presencia me calmaba, me hacía sentir completo. Cuando dijo que también tenía que irse, sentí una punzada de tristeza y desesperación. No quería despedirme de ella, no quería quedarme solo.Entonces, casi sin pensar, le supliqué que se quedara más tiempo. Mi corazón latía acelerado, temiendo que ella también se fuera. Pero su respuesta fue amable y paciente. Me acarició el cabello y depositó un suave beso en mi frente. Quería que ese beso fuera en mis labios, pero me conformé con la muestra de cariño en mi frente.Mientras ella se





Último capítulo