La paz en la cabaña de los Cárpatos fue una ilusión que duró apenas lo que tarda un suspiro en congelarse. Antes de que Natalia y Cristian pudieran procesar el silencio del bosque, el aire se saturó de un silbido agudo, el sonido de flechas de plata mercurial cortando el viento. La madera reforzada de la cabaña crujió bajo el impacto de los primeros proyectiles, que estallaron en pequeñas nubes de gas inhibidor. Natalia se puso en pie en un movimiento fluido, sus ojos violetas encendiéndose con