Nelly se sintió visiblemente más relajada tras la conversación. Se levantó para marcharse, pero antes de salir le hizo una petición: — Por favor, no le digas que hablamos de él.
Él asintió con un gesto solemne, comprendiendo la discreción que se requería.
En la mansión de Los Prados, Naomi, envuelta en la tranquilidad del balcón, navegaba en su laptop buscando nombres para el futuro bebé. Fue informada de una visita y respiró profundamente antes de dar su permiso.
— ¿Hasta cuándo voy a tener que anunciarme para poder entrar? — preguntó Nidia, apareciendo junto a ella.
Con los meses transcurridos, Nidia había insistido en imponer su presencia en la vida de sus hijos. Ellos, aunque aún no perdonaban su abandono, habían dejado de reclamarle por haberse alejado, aceptando su cercanía casi como una obligación inevitable.
— Nidia, ¿qué haces aquí?
— Quiero comer algo delicioso, y Flavia cocina excelente.
Naomi puso los ojos en blanco, ladeando los labios en un gesto de fastidio. —¿Y por qué