La relación entre Derek y Tyler, era estrictamente profesional, de jefe a empleado, desprovista de la familiaridad que el parentesco podría sugerir. Aun así, Tyler se tomó el atrevimiento, la licencia de la preocupación, para preguntar:
— ¿Está preocupado o son ideas mías?
— ¿Se me nota tanto? — La voz de Derek era apenas un murmullo de frustración.
— Lo suficientemente.
Derek dudó. Tyler era un profesional ejemplar y no quería, bajo ninguna circunstancia, involucrarlo en el caos de su vida personal. Concentró sus ojos en un párrafo específico de los papeles, como si esperara encontrar una respuesta o una excusa a la punzada que sentía. Después de unos minutos de tenso silencio, habló con una falsa naturalidad:
— Estoy llamando a Naomi y no contesta mis llamadas. No quiere hablar conmigo...
— Pensé que su relación mostraba cierta mejoría. — comentó Tyler, con cautela.
— Yo también... créeme que yo también. Supongo que las hormonas del embarazo son muy contradictorias. Intentaré nuevam