Hacía apenas unos meses, la Naomi de entonces habría podido gritar a viva voz, sin titubear, el catálogo de defectos y desprecio que sentía por la persona de Derek Torres. Pero ahora, después de haber compartido el mismo techo, de haber compartido silencios, y de llevar una vida de su sangre latiendo en su vientre, la percepción que tenía de él se había vuelto un enigma, una niebla suspendida en el aire, frágil e inestable.
— ¿Sigues pensando que soy un monstruo? — inquirió Derek con una quietu