Derek respiró aliviado y caminó hacia el dormitorio de Naomi. Tocó dos veces la puerta.
— Oye, mi amigo acaba de llegar, ¿puedes bajar? —preguntó.
Naomi se miró al espejo por décima vez. Una sonrisa nerviosa se dibujó en sus labios. ¿Estaba vestida de manera adecuada o estaba exagerando? No importaba, quería sorprender al invitado, pero, sobre todo, quería sorprender a Derek.
— Dame unos minutos —respondió.
Derek se dirigió a la entrada para recibir a Matthew, pues no tenían personal de servicio.
— ¿Por qué no tienen personal? —inquirió Matthew.
— No lo necesitamos, mi esposa se encarga de todo.
Minutos después, esperaban a Naomi. De pronto, un sonido torpe y rítmico de zapatos descendiendo por la escalera llamó su atención. Ambos levantaron la mirada. Era Naomi. Llevaba puesto un vestido negro largo, holgado, que le cubría los tobillos y los brazos. Su cabello estaba recogido y usaba un labial neutro sin brillo. Unas gafas grandes y unos zapatos viejos completaban su apariencia. Pare