Derek terminó de entrar, sus ojos recorriendo la habitación con una curiosidad calculada. Se acercó a la cama, sentándose en una de las esquinas. Naomi estaba visiblemente asustada, su cuerpo encorvado, sus manos aferradas a la sábana como si fuera un escudo.
—¿Qué quieres? —volvió a preguntar, la voz apenas un susurro.
—Quiero que organices una cena para esta noche. Mi amigo y compañero de trabajo viene a cenar con nosotros.
Naomi se indignó.
—Viene a cenar contigo. A mí no me interesa. Sal de