Derek terminó de entrar, sus ojos recorriendo la habitación con una curiosidad calculada. Se acercó a la cama, sentándose en una de las esquinas. Naomi estaba visiblemente asustada, su cuerpo encorvado, sus manos aferradas a la sábana como si fuera un escudo.
—¿Qué quieres? —volvió a preguntar, la voz apenas un susurro.
—Quiero que organices una cena para esta noche. Mi amigo y compañero de trabajo viene a cenar con nosotros.
Naomi se indignó.
—Viene a cenar contigo. A mí no me interesa. Sal de mi habitación.
Derek se levantó, caminando hacia la puerta. La orden era innegociable.
—Que todo quede bien organizado. No quiero errores. Quiero que parezca una cena para enamorados, con velas, rosas, y todas esas estupideces. Y espero que te esmeres en la cocina. Es para lo único que sirves. Usa la tarjeta de crédito.
—¿Para enamorados? ¿Viene tu amigo, o tu amante?
Derek se detuvo, su espalda tensa. Una risa seca escapó de sus labios.
—Lo sabrás a su debido tiempo. Y si quieres darle una mej