Así, en medio del desorden y la tensión, idearon un plan. Un plan audaz y arriesgado, con el potencial de traer consecuencias irreparables. Su objetivo era claro: obligar a Derek a enfrentar sus propios demonios y a comportarse como un verdadero hombre.
Doña Alba se deslizó en el dormitorio donde su nieto dormía. Sus pasos, lentos y pesados, resonaban en el silencio. Se sentó en la cama, junto al joven. Derek yacía boca abajo, y los arañazos en su espalda eran claramente visibles. Con delicadez