OBLIGADA A TENER EL HIJO DE MI ENEMIGO. Capítulo 73.
La casa está en silencio cuando regreso.
No es un silencio tranquilo, ni reparador. Es uno pesado, espeso, que se me mete bajo la piel y me oprime el pecho. Las luces están encendidas, pero nada parece vivo. Cada rincón me recuerda lo que falta.
Camino directamente hacia la sala y me dejo caer en uno de los sofás, sin cuidar la postura, sin pensar en la elegancia ni en nada más que en el cansancio que me atraviesa los huesos. Apoyo los codos sobre las rodillas y dejo caer el rostro entre las ma