OBLIGADA A TENER EL HIJO DE MI ENEMIGO. Capítulo 74.
Dejo que Amelie conduzca, no porque confíe más en ella que en mí, sino porque mis manos tiemblan demasiado como para sujetar un volante sin delatar lo nerviosa que estoy. Me acomodo en el asiento del copiloto, con el bolso bien apretado contra mi costado, como si así pudiera proteger lo poco que aún siento mío.
El trayecto hasta el hospital se me hace eterno… La ciudad pasa frente a mis ojos como una sucesión borrosa de edificios, semáforos y peatones que siguen con sus vidas sin saber que la m