OBLIGADA A TENER EL HIJO DE MI ENEMIGO. Capítulo 51.
La piscina reflejaba el cielo como un espejo azul cuando llegamos. El agua estaba tranquila, tentadora. Entramos despacio, primero él, luego yo, aferrándome a sus hombros.
El contacto con el agua fue glorioso.
—Lo necesitaba —suspiré sintiéndome muy contenta por el agradable sentimiento del agua en mi piel.
—Ten cuidado —repitió él, aunque ya sonreía.
Cuando Hector consiguió relajarse al darse cuenta de que yo estaba bien, los dos empezamos a jugar. Salpicarnos. Reír. El agua amortiguaba nuestr