OBLIGADA A TENER EL HIJO DE MI ENEMIGO. Capítulo 21.
Por un instante, al observar la expresión tan preocupada de mi cuñada Christina, de una manera sincera deseo decir la verdad. La tentación de abrir la boca y confesarlo todo me quema la garganta, como si cada segundo que pasa en silencio fuera una traición más, no solo hacia mí misma, sino hacia ella. Christina me mira con una mezcla de inquietud y cuidado, como si estuviera observando a un animal herido que insiste en fingir que no sangra.
Pero entonces, casi de forma instintiva, giro ligeramente el rostro y noto cómo Héctor, al otro lado del invernadero, acompaña a mi madre mientras me lanza una mirada calculadora. No es una mirada casual. Es una advertencia silenciosa. Un recordatorio de que aún me observa, incluso cuando finge estar distraído. Incluso cuando sonríe.
Ese solo gesto basta para que el miedo se imponga.
Así que me obligo a sonreír, a acomodar mis rasgos, a enterrar la verdad bajo una capa de calma falsa y negación ensayada.
—Todo está bien —le aseguro a Christina, mir