OBLIGADA A TENER EL HIJO DE MI ENEMIGO. Capítulo 21.
Por un instante, al observar la expresión tan preocupada de mi cuñada Christina, de una manera sincera deseo decir la verdad. La tentación de abrir la boca y confesarlo todo me quema la garganta, como si cada segundo que pasa en silencio fuera una traición más, no solo hacia mí misma, sino hacia ella. Christina me mira con una mezcla de inquietud y cuidado, como si estuviera observando a un animal herido que insiste en fingir que no sangra.
Pero entonces, casi de forma instintiva, giro ligerame