CAPÍTULO 28
Muevo la cuchara, mirando un punto fijo. Distraida viendo el paisaje qué hay detrás de ese enorme ventanal. No paro de pensar en lo que acaba de pasar en el tercer piso con un desconocido. Mi mente va a mil por hora, el olor a ensalada de frutas se mete en mi nariz. Mi corazón palpita lentamente, relajado, pero con muchas inquietudes. Mi mentón reposa sobre mi mano en un leve descanso.
Estoy desayunando sola.
Veo mi tazon. Hay, creo, diecisiete rodajas de manzana, veinticinco pequeñ