—El señor Sebastián me pidió que le traiga estas prendas de ropa que él mismo ha comprado.
Bertha era una mujer de cincuenta años, con un uniforme de color gris, al estilo institutriz, tenía el cabello canoso y unos ojos azules apagados. Ingresó en la habitación en la que estaba y dejó las prendas de ropa sobre el colchón.
—Gracias, señora. —le dije, mientras miraba la montaña de ropa.
¿Sebastián eligiéndome la ropa?¿Es en serio?
—¿Necesita algo más señorita? —me preguntó, con su voz firme