15. ¡Lárgate de mi habitación!
Fue en ese instante que sus mirada volvieron a encontrarse, que él pareció salir de su letargo, su mirada llena de pasión se convirtió en una gélida, alejándose de ella como si fuera un isótopo radiactivo.
—No, no voy a caer. Tú no serás la madre de mi hijo — sentenció Ciro — no me dejaré seducir por ti. La única razón por la cual he venido es para decirte que mañana iremos a una fiesta es hora de que todos sepan que Ciro Costello ha vuelto. Así que arréglate muy bien. No voy a permitir que me