122. Ahora, el toque final.
Mientras era conducida a una sala separada, Julia se sintió la ansiedad creciendo al ser separada de María y Alice. Su respiración se tornó errática y sus ojos mostraban evidente preocupación.
—¡Quiero a mi madre y a Alice conmigo! ¡Esto no está bien! — exclamó, mientras intentaba zafarse de las manos que la sostenían.
Una mano firme, pero gentil, la tomó por el brazo. Isabella, con su expresión serena, la miró a los ojos.
—Julia, te prometo que nada les ocurrirá. Necesito que confíes en mí sol