123. Pero papá, aún no sé bailar como tú.
Tras la emotiva ceremonia, Ciro y Hanna habían organizado un íntimo convite al aire libre. En un rincón del hermoso jardín, se había dispuesto una mesa adornada con flores silvestres y velas que iluminaban sutilmente el ambiente. El aroma de la comida recién preparada se mezclaba con el perfume de las flores nocturnas.
María y Alice, sentadas frente a frente, charlaban animadamente, rememorando anécdotas familiares y comentando sobre lo inesperado y hermoso que había sido el evento. A su lado,