14. Tu no te cansas de humillarme ¿Verdad?
Ciro se vio tentado a ser quien diera un paso hacia atrás al verla acercarse y encararlo. Aún recordaba la forma en la que su mano había cobrado vida propia golpeando a la mujer frente a él. Pero no. No le daría la satisfacción de verlo retroceder. En cambio sonrió, no era una sonrisa amable, era una sonrisa sarcástica de un hombre que sabe cómo herir y lo haría. La tomó por la cintura pegandola a su cuerpo.
Julia acababa de darse cuenta de que aquello había sido una mala idea en el instante en