89. Sumergidos en el amor y el placer
Ella respondió de la misma forma, y de un segundo a otro, sus cuerpos se frotaban entre sí, ansiando que pronto desapareciera la ropa.
Y así fue.
Despacio, Santos escondió una mano debajo de la delicada prenda femenina, y ascendió hasta capturar entre sus dedos uno de sus suaves y firmes pechos, luego el otro. Jugo con ellos. Los apretó y consintió, hasta que no fue suficiente y le arrancó la camisa y el sujetador, dejándola completamente expuesta para él.
La última vez que había visto aquell