90. Dias de ensueño
— Eres maravillosa — le dijo él después de recuperar el aliento —. Eres perfecta. Eres... un sueño, An. Eres mi sueño.
Ella estiró la mano y alcanzó su mejilla, enamorada.
— Jamás me sentí de esta forma — dijo en un todo quedó. Se le quebró la voz —. Me siento tan feliz.
— An, no llores, ven aquí. Todo está bien, ¿no es así? — la pegó contra su pecho.
— Todo es… increíble — suspiró, dibujando figuras sin sentido en su pecho desnudo. Después alzó la vista y lo miró fascinada —. ¿Santos?
— ¿M