68. ¡Está entrando a la mansión con el bebé!
Llegó a la mansión minutos más tarde de aquella llamada. Parecía un león enjaulado. Un felino.
Su corazón latía desmesurado y su mente daba vueltas, pensando lo peor.
Tan pronto vio al guardia que lo llamó, se fue hacia él, y sin pensarlo, lo tomó del cuello de la camisa, eufórico.
— ¡¿Dónde están Ana Paula y el niño?! — exigió saber.
Al principio, el hombre se quedó pasmado y pasó un amargo trago.
— ¡Señor, yo…!
— ¡Tenías una sola cosa que hacer! ¡Te encomendé la seguridad de esta casa y