41. Te vi con una mujer, Leonas
Pasados unos largos segundos, todavía en completo silencio, con la sangre corriendo vertiginosa por su torrente sanguíneo y con las manos convertidas en dos puños fuertemente apretados, salió de allí.
No necesitó de una explicación que buscara llegar al fondo de aquello. Habían intentado envenenar a su esposa y el culpable tenía nombre y apellido: Renato Castanho
— ¡Santos! ¡Santos, espera! — le pidió su amigo, pero él no se detuvo, al menos no hasta que lo tomó del brazo — ¿Qué pasa? ¿Qué vas