36. ¿Te quedarás tranquila?
Con cuidado, la recostó en la cama y ordenó a una de las mucamas que se quedara con ella y le avisara en cuanto despertara.
— No quiero que te separes de ella, ¿de acuerdo? — ordenó a la mujer.
— Sí, señor.
Entonces salió de la habitación. Leonas ya se encontraba con el veterinario, así que juntos fueron a revisar que carajos había ocurrido con el animal. No era posible que hubiese muerto así nada más.
— ¡Rápido, tráiganme agua y sal! ¡Hay que inducirle el vómito! — ordenó el veterinario, ro